Despues de un mes en el cual no trabajé en mis habituales rutinas, me di cuenta que logré dedicarme mucho tiempo y junto a ello habilité mucho mas mi canal de percepción emocional.

Estuve sola, conocí gente maravillosa, pude contactarme con mi parte entusiasta, pude acompañarme cuando me puse dramática, cuando extrañé, reí o lloré, o cuando dejé que la ansiedad me jalara de los pelos.

Corrí para no perder un tren que saldría 40 minutos mas tarde, saque pasajes que no me sirvieron y pude aceptar el gasto inútil, percibí la incertidumbre en mi y en mis hijos frente a un error de logística y de distracción mayúscula llegando a un sitio que ya no era demasiado amigable y encontrar que la reserva de hotel era para el mismo día 30 pero del mes siguiente.

Me permití llevar conmigo la cuarta parte del equipaje que toda mujer hubiera deseado de irse un mes a Europa.

Me teñí en Florencia mirando el Duomo, me tiré desde una roca al mar mas azul que haya visto, pude guardar un secreto tres días, saqué las entradas mas caras para un concierto en Paris, modifiqué mi recorrido varias veces, desafiando los endemoniados titanes de mis debería, fui transitando mi viaje.

Me permití amar el resultado de mis equipos, aún habiendo abandonado los tacos que son como parte de mi anatomía habitualmente.

Pude aceptar con compasión los comentarios críticos surgidos por no haberlos usado, o por el estilo elegido para presentarme.

Pude darme cuenta como muchas personas siguen rehenes de juicios ajenos que hicieron propios y aún viven esclavizados en pleno siglo XXI.

Lo sé pues estuve sentada allí hasta no hace tanto.

Pude darme el permiso de dedicarme un mes entero a un viaje al que pude invitar también al menor de mis hijos, venciendo la ansiedad que generaba el saberme único sostén en mi familia, y dejar una casa sola.

Y acá estoy de regreso.

Nada dramático surgió porque, he vuelto y estoy mejor que antes. Mi viaje fue un viaje al que se sumó otro inesperado.

Me pregunté «que quería ser cuando fuera grande de nuevo«…

Y quiero seguir creciendo del lado de adentro, tal como lo vengo haciendo.

Siento que mi mayor crecimiento, en el cual llevo trabajando bastante tiempo ya está centrado en ser auténticamente yo, éste está siendo mi mejor viaje.

No hay lugar para los COMO SI, en mi vida.

Porque la verdad, es que debajo de tantas preocupaciones, juicios ajenos y propios, miedos, dudas, insatisfacción y angustias, vivir no era ni sano, ni posible, era simple supervivencia.

Recordaba hoy viendo un video donde hablaba mi adorado y admirado Dr. Ned Hallowell, como hace 20 años, el escucharlo hablar frente a una enorme audiencia de su propio TDAH generó en mi el primer gran quiebre.


En ese entonces, volví dispuesta a contarle al mundo, (sabiendo que iba a ser devorada por los protocolos académicos), que había descubierto el motivo de tanto sufrimiento crónica y diariamente reciclado.

Y hoy al escuchar a Ned 20 años después, y de haber vuelto de tener la maravillosa experiencia de dar ambas ponencias en España, me siento habilitada para renovar mi intención de compartir, como lo hago habitualmente, todos mis registros emocionales con Uds.

Saber quienes somos en realidad es un proceso de descubrimiento propio de un arqueólogo en medio de nuevas excavaciones.

Debemos encontrarnos con el niño que una vez fuimos, generoso, creativo, inquieto, soñador, molesto, apurado, sensible, divertido, y ayudarlo a que vuelva a emerger y alimentarlo para que reaparezca.

Aceptarlo, apachucharlo, mirarlo fijo a los ojos y regalarle la mejor de nuestras sonrisas.

Puede ser que hayamos cometido torpezas, o hayamos tomado decisiones impulsivas, pero éramos simplemente nosotros gobernados involuntariamente, (sin prestar consentimiento) por un sistema de conexiones neuronales caprichosamente diseñado.

Por esto, es que debemos trabajar en ser honestos y aceptarnos tal como nos salga.

Después buscaremos las mejores estrategias, modificaremos nuestro entorno, generaremos nuevas rampas.

Saber que tenemos el diagnóstico de TDAH, puede liberarnos al ayudarnos a entender que no éramos tontos, ni violentos, ni inmaduros, ni inútiles, o torpes, pero el camino recién empieza con el diagnóstico, no es que allí termina.

Porque pretender encajar entre los que no son como nosotros, es una tarea que no vale la pena.

Primero reconocernos, y amar quien realmente somos, sin esta condición cumplida, olvídense de lograr ningún cambio que los sostenga por más medicación que tomen.

Amar nuestras debilidades y reconocer nuestras fortalezas ayuda a construir el primer escalón del

camino hacia la salida.

Y unir nuestros pedazos rotos, por tanto golpe, tantas caídas, tanto castigo, es una tarea que sólo podemos hacer uniendo cada una de las partes desde adentro.

Seguiré siendo tan auténtica como me siento.

Les dejo mi mayor abrazo, y auguro un buen recomienzo!

Norma Echavarría.

11 de Agosto 2017