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Cuando «Casi en todo» es peor que nada.

Todo comienzo de año puede ser visto como una oportunidad. Para muchos que se ven recomenzando todo el tiempo, puede ser vivido con culpa, vergüenza y desconcierto. Marzo suele venir grabado a fuego para muchos, que sistemáticamente pasaron el verano estudiando para rendir exámenes en el secundario. Trabajar no deja de llevar este estigma, muchos ignoran que no son los responsables, sino víctimas de un desorden del neurodesarrollo que desconocen.


Trabajo desde muy joven. Estudiar y trabajar fue algo que siempre hice. Animé fiestas infantiles, dibujé planos, di clases de inglés, hasta recibirme de médica.
Sin embargo hacerlo fue una garantía de estrés permanente. Malabarista y estratega por entrenamiento, me costó muchísimo enfrentar el trabajo con  la responsabilidad que una vida implica. Las cosas hubieran sido muy diferentes de haber sabido que padecía TDAH. Todo adulto debe lidiar con el objetivo de generar el ingreso para sostener una vida independiente y sentirse valioso es una consecuencia que puede no acompañar este proceso. Muchas personas no logran entrar en esta instancia y aunque les cueste creerlo yo fui una de ellas. Me inundaba el miedo a dañar a alguien, cuando me había preparado para ayudar. Con mi torpeza motriz ya había enganchado la bandeja de medicación en pediatría, tirando todo al piso, todo. Había descartado un cono de biopsia entre varias gasas, había olvidado una paciente en posición ginecológica y no había regresado. Fui elegida para formar parte de un equipo de esterilidad y en menos de cinco meses estaba coqueteando con la Psiquiatría.
Mi empeño y la necesidad de encontrar lo que realmente amaba, me ayudó a volver al ruedo. Vuelta a la salida, me dije. Casi como cuando dejé arquitectura.

Casi..

El diagnóstico y la medicación en mi caso ayudaron muchísimo, pero insisto que vivir con TDAH requiere de mucho más que su tratamiento medico.
Requiere aceptación, adaptación y mucha resiliencia.
Cuando alguien capaz, inteligente, con muchos talentos no logra ingresar al carril laboral como merecería me duele y mucho.
Yo agradezco a diario por mi trabajo, aun sabiendo que sería 10 veces más efectiva de no haber tenido TDAH, agradezco la tutoría inteligente de mi padre.
Me duele ver como personas brillantes, van empezando y abandonando metas, y encuentran en el subempleo un clásico. 

“Casi ingenieros”, “casi docentes”, “casi técnicos”. Ir fugándose de diferentes carreras, les da mucha experiencia inconclusa. Los deja en puestos de trabajo de relleno, donde alguien (que obviamente se beneficiará de su inteligencia), no está dispuesto a darle espacio sin acreditación.

 Allí es donde digo que “Casi en todo”, es peor que nada.

Si leiste bien. Porque llenar formularios, actualizar CV, se acompaña de una vivencia de frustración. Esa persona sabe que tiene la inteligencia para comprender aquello que estudia, pero no logra encajar en el sistema de exámenes, entregas, presentismo, o en forma autodidacta aprende más y de forma menos aburrida.
Esto es una de las razones por la que veo en las consultas los frecuentes intentos del mes de marzo.

Cada año lectivo es una esperanza de reciclaje. Cambios de carrera, cambio de rumbo, nuevos proyectos, nuevos planes, sueños reeditados, hasta que muchos quedan en pausa. Algo así como un mecanismo de supervivencia, donde cambiar les renueve las esperanzas de salir del pozo “de la nada misma”.

Si nunca oíste hablar del TDAH, pero te suena, informate. Tal vez en lugar de empezar una nueva búsqueda laboral, te encontras con un diagnóstico y obvio la posibilidad de un tratamiento. Nunca es tarde.

Buen fin de semana.

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2 respuestas a «Cuando «Casi en todo» es peor que nada.»

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